Lo que nunca vimos...
@EddyTimaure
—Tan contento que se veía, tan lleno de vida… ¿Cómo va a tomar esa decisión? No pensó en su familia, no pensó en nadie. Eso es no tener consideración con su gente.
—No creo que sea tan simple. Lo que pasa es que nosotros, tal vez, nunca nos dimos cuenta de los problemas que tenía. Seguramente estaba pasando por cosas muy duras, pero no lo quiso hablar con nadie.
—¡Bah! Eso es una tontería. Todo el mundo tiene problemas, y ahí están, luchando. La vida es una sola, ¿Cómo va a hacer eso?
—Sí, pero lo que para ti es un problema pequeño, para otro puede ser un abismo. No se pueden comparar los dolores. Imagina alguien que lo tenía todo y de repente lo pierde. Aunque no esté enfermo físicamente, la mente se quiebra. Las enfermedades del alma y de la mente son igual o más crueles que las del cuerpo.
—Eso es falta de fortaleza. Hay que pensar positivo, confiar en Dios, ser fuertes. Así es que se sale adelante.
—Mira, amiga, más que pedirle a Dios, yo creo que debimos estar más pendientes nosotros de él. Sí, se reía, echaba broma, parrandeaba… pero también pasaba días sin salir, tenía problemas para dormir, a veces no respondía mensajes, se encerraba. Eso no es normal. Eso eran señales.
—Pero yo insisto: es que desde niños hay que enseñarles a ser fuertes, a no rendirse.
—¿Sabes qué pienso? Que muchas veces confundimos “enseñar a ser fuerte” con enseñar a callar. Y eso mata. Porque detrás de cada sonrisa, de cada baile, de cada broma, puede esconderse una depresión enorme. Y si encima de eso nosotros nos la pasamos criticando, juzgando o repitiendo frases de “piensa positivo” como si fueran fórmulas mágicas, entonces la gente se inhibe de hablar, de pedir ayuda.
—…
—Y después estamos aquí, en el funeral de nuestro amigo. Tú todavía pensando que lo hizo por débil. Y yo creyendo que lo que nos faltó fue empatía y compasión. Tal vez, si hubiéramos estado más atentos, si hubiéramos escuchado más y juzgado menos, hoy no estaríamos despidiéndolo.



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