AmeriCup: el espejo que revela los retos del baloncesto venezolano.



@EddyTimaure

Venezuela ha sido campeona de FIBA Américas, un logro que marcó una época dorada del baloncesto nacional. Ese historial de éxitos explica la pasión y también la dureza de las críticas que hoy recibe la dirección técnica de Ronald Guillén y, en general, el proceso de recambio que atraviesa la selección. Críticas fundamentadas o no, muchas de ellas nacen de la expectativa de un país que considera el baloncesto como una de sus disciplinas insignia, solo comparable al béisbol en términos de impacto deportivo y social.
Entendamos las cosas. La Liga Profesional de Baloncesto es un espacio de competitividad, no de desarrollo. Su razón de ser es mostrar el talento ya formado en las escuelas y en los procesos de base, ofrecer espectáculo, garantizar resultados y permitir que las franquicias sean sostenibles económicamente. Entendiendo que los dueños de equipos buscan ganar, recuperar su inversión y presentar un producto atractivo, es válido pedirles que otorguen un mayor protagonismo al talento criollo. Reducir la dependencia de tres o hasta cuatro jugadores importados en cancha no solo elevaría el nivel competitivo de los nacionales, sino que fortalecería la identidad del baloncesto venezolano.
Por lo anterior, la responsabilidad del desarrollo y formación de atletas recae directamente en la Federación Venezolana de Baloncesto. Es allí donde deben impulsarse con decisión las competencias de categorías formativas, con participación de clubes nacionales e internacionales, así como el apoyo irrestricto a las escuelas y academias de formación. La crisis del país ha golpeado seriamente la infraestructura deportiva, por lo que su recuperación resulta impostergable si se quiere garantizar espacios dignos para el entrenamiento.
Además, se requiere crear condiciones que permitan a los atletas dedicarse plenamente al baloncesto y no dispersar sus energías en la búsqueda de recursos para subsistir. Una liga universitaria de alto nivel, sostenida y estructurada, sería clave para mantener un calendario competitivo, identificar nuevos talentos y formarlos bajo la disciplina y rigurosidad que demanda este deporte.
A ello debe sumarse un proceso sistemático de scouting para integrar a los jugadores venezolanos que se forman en universidades o academias fuera del país, de modo que las selecciones nacionales, tanto juveniles como de mayores, se nutran del mejor talento disponible.
Con el cuerpo técnico actual o con cualquier otro, sin una política integral y sin una atención sistemática al desarrollo del baloncesto, los éxitos no llegarán por sí solos. Lo que corresponde ahora es reconstruir las bases, apoyar el talento emergente y garantizar que el baloncesto venezolano siga siendo un referente regional.

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