Sobre el pensamiento mágico y la tiranía del positivismo tóxico.
@EddyTimaure
Vivimos en una sociedad que, en nombre de la "buena vibra", exige que ocultemos el dolor bajo frases motivacionales. Se nos dice que "todo es superable" con solo pensarlo, que "la mente es poderosa" y que, si sufrimos, es porque no la usamos bien. Este pensamiento mágico no solo es ingenuo, sino peligroso: convierte el sufrimiento en culpa y la vulnerabilidad en debilidad.
El positivismo tóxico no sana, silencia. Reduce problemas complejos —como la depresión, la ansiedad o la pobreza— a un simple "cambia de actitud". Y cuando alguien se atreve a expresar su dolor con honestidad, se le ridiculiza, se le acusa de "negativo" o se le despacha con un místico "todo está en tu mente".
¿Por qué cuesta tanto empatizar con el malestar ajeno? Porque reconocer el dolor propio y ajeno exige vulnerabilidad, y vivimos en una cultura que idolatra la falsa fortaleza. Preferimos creer en soluciones mágicas antes que enfrentar realidades incómodas.
Estamos atrasados. Confundimos aceptación con resignación, esperanza con negación. Pero la verdadera salud emocional no nace de negar lo que sentimos, sino de transitarlo con conciencia. Las emociones no son errores a corregir, son mensajes a escuchar.
Hasta que no entendamos que el pensamiento positivo no sustituye al acompañamiento, la terapia o la acción concreta, seguiremos repitiendo como mantra un optimismo vacío, mientras el malestar crece en silencio.
La cura no está en negar la oscuridad, sino en aprender a caminar dentro de ella.
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