Cuando el alma pesa más que el cuerpo...



@EddyTimaure

Hay días en los que simplemente no podemos más. Días en los que el alma pesa tanto que incluso el cuerpo se rinde. Días en los que las emociones —esas que usualmente sabemos esconder tras sonrisas y rutinas— se rebelan y exigen ser escuchadas. Y entonces uno explota. No con ruido, sino con silencios densos, con miradas vacías, con una cama que se convierte en refugio y cárcel a la vez.
Aquí estoy, sentado frente a mi portátil, tratando de hilvanar un discurso, de responder tareas, de hacer lo que se supone debo hacer. Pero no puedo con ello. No hoy. Y no sé cuántas horas tenga ese "hoy". Solo sé que pesa. Pesa mucho.
En esos momentos, todo parece desmoronarse: los planes pierden sentido, las ideas caen al abismo, los temores ocupan más espacio del que deberían, y la angustia avanza como una marea inevitable. Uno intenta aferrarse a la voluntad, al deber, a lo aprendido. Pero hay días en los que ni eso alcanza.
Y sé que vendrán juicios. Que no faltará quien diga que "uno debe seguir", que "todo está en la mente", que "hay que cambiar de actitud". Algún mantra prefabricado que se repite sin pensar. Pero nadie, absolutamente nadie, sabe cuánto pesa la carga de cada quien.
Y está bien.
Está bien no poder con todo. Está bien no rendir hoy. No se trata de debilidad, sino de humanidad. A veces, permitirnos la pausa es lo más valiente que podemos hacer. Porque en ese silencio incómodo, en esa lentitud forzada, también se encuentra una forma de resistir.
Así que, si hoy es uno de esos días para ti también, no te exijas más de lo que puedes dar. Respira. Abrázate. No estás solo. Este no es el final del camino. Solo un tramo oscuro en el que también está permitido descansar.

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