Bendiciones: agradecimiento desde la no creencia.



@EddyTimaure
Recibir bendiciones, aunque no crea en su fundamento divino, me recuerda algo profundo: la intención humana detrás de ellas. Quienes me las ofrecen lo hacen desde un lugar de genuino afecto, deseo de protección o solidaridad. Y eso —la sinceridad y el valor de expresar cuidado— sí merece mi gratitud.
Mi postura ante lo sagrado es escéptica, pero no lo es ante la empatía. Reconozco que las bendiciones son, en esencia, un lenguaje de conexión. Para muchos, son un puente entre lo terrenal y lo trascendente; para mí, son un gesto de humanidad compartida. Y en ese terreno común —el de los vínculos—, encuentro un motivo para respetarlas, aunque no las espere ni las invoque.
Reivindico, eso sí, que la ausencia de fe no equivale a frialdad. Quienes no creemos podemos honrar la belleza de los rituales ajenos sin participar de su significado último. Agradezco las bendiciones no por lo que prometen en un plano sobrenatural, sino por lo que revelan en el humano: que alguien, en algún momento, quiso incluirme en su universo de buenos deseos.
Quizá ahí resida el verdadero milagro: que, pese a nuestras diferencias, seguimos encontrando formas de decir "que estés bien". Y eso, en un mundo fracturado, es un lenguaje que vale la pena preservar.
— Un no creyente que valora la intención más que el dogma.

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