Es el uso de "mi persona": ¿Elegante o redundante?



En el lenguaje, la elegancia no siempre reside en lo técnicamente correcto, sino en la precisión y la naturalidad con que expresamos nuestras ideas. La frase "mi persona", aunque gramaticalmente válida, suele ser un recurso innecesario que entorpece la claridad del discurso. ¿Por qué decir "eso afecta a mi persona" cuando podemos afirmar, con sencillez y contundencia, "eso me afecta a mí" o incluso "eso me afecta"?

El uso de "mi persona" parece surgir de un intento por sonar formal o refinado, pero en realidad carga la frase de redundancia. Después de todo, "persona" ya está implícita en el "yo": no necesitamos objetivarnos para referirnos a nosotros mismos. El español cuenta con pronombres perfectamente definidos (yo, mí, me) que cumplen esa función con eficacia y fluidez. Decir "en lo que respecta a mi persona" en lugar de "en lo que a mí respecta" no solo alarga el mensaje, sino que le resta espontaneidad, como si quien hablara intentara distanciarse de su propia voz.
Quizá este giro lingüístico refleje cierta timidez o afectación, pero el lenguaje gana fuerza cuando se atreve a ser directo. "Yo" no es menos digno que "mi persona"; al contrario, es honesto y transparente. Como decía Unamuno, "la claridad es la cortesía del pensamiento". Recurrir a fórmulas rebuscadas puede oscurecer esa claridad sin añadir ningún valor.
En resumen, optar por el "yo" no es solo una cuestión de elegancia, sino de coherencia. Hablar —y vivir— con naturalidad empieza por nombrarnos sin rodeos. Al fin y al cabo, ¿acaso no somos ya, sin necesidad de aclararlo, personas?
Alternativas sugeridas:
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❌
"Eso es importante para mi persona" →
✔
"Eso es importante para mí".
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❌
"Mi persona opina que…" →
✔
"Yo opino que…".
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❌
"En cuanto a mi persona…" →
✔
"En cuanto a mí…".
La próxima vez que tentemos decir "mi persona", recordemos que el lenguaje más auténtico es el que no se esconde detrás de sí mismo.

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